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El concepto del remanente tiene una larga historia bíblica, que va desde el Génesis (6:9; 7:23) hasta el libro de Apocalipsis (12:17); y es fundamental para entender la naturaleza del pueblo de Dios y su intención divina para ellos. En el centro de este concepto bíblico yace un profundo interés en la preservación de la vida humana.
Las familias, las tribus y las naciones del mundo antiguo muy frecuentemente se veían amenazadas por la posibilidad de la exterminación a través de ataques militares u otras catástrofes. Por lo tanto, era natural que se preguntaran por el tema de la supervivencia.
Si aunque fueran unos pocos, un remanente podía sobrevivir, el grupo no se extinguiría. Se hacían todos los esfuerzos para asegurarse de que un remanente de ellos quedara en la Tierra.
Despunta en el horizonte el fin de toda la maldad, el sufrimiento y la muerte.
El descanso que verdaderamente se disfruta es el que nos prepara para buscar nuevas realizaciones. Es el que está cargado de esperanza. ¿De qué serviría descansar indefinidamente sin ninguna ilusión, sin ninguna perspectiva futura que nos motive?
Justamente eso es lo que hace tan significativo el reposo del día sábado. No es una pausa vacía o inerte, sino un descanso que restaura física y espiritualmente, y fortalece para encarar los desafíos de la vida cotidiana con renovada fe en Dios.
Más aún, el descanso sabático prepara para gozar de la felicidad plena que el regreso de Cristo traerá a esta tierra. Al hacer un alto en nuestras ocupaciones cotidianas, el sábado nos brinda la oportunidad de pasar más tiempo con Jesús, preparándonos así para el día en que él vendrá a buscarnos, y podamos estar siempre con él.
Traed todos los diezmos al granero y haya alimento en mi Casa. Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Malaquías 3:10.
¿Es el diezmo una parte de nuestros bienes que devolvemos a Dios? Si pensamos de esa manera, Dios no pasa de ser un cobrador de impuestos o un recaudador celestial. Para quienes aman a Jesús, el diezmo es un pacto entre Dios y el hombre, una alianza de amor y fidelidad.
"Todo lo que existe es mío. 'Mía es la plata y mío es el oro' (Hageo 2:8).
Cuando Dios creó al ser humano, lo colocó en el jardín del Edén y le dijo: "De todo árbol de huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás" (Génesis 2:16, 17).

La vida de un obrero de Cristo no es fácil. Hay veces, sobre todo para los jóvenes que lideran, que se sienten criticados hagan lo que hagan, y pareciera que la gente siempre tiende a lanzar palabras de reproche, antes que palabras de ánimo.
Para todas aquellas personas que se sientan así, os traemos un relato sacado del libro "El Conde Lucanor", escrito por el español Don Juan Manuel, allá por el año 1335.
En ella, el Conde Lucanor pide opinión a su sabio consejero Patronio. El relato se titula "El padre, el hijo y el burro".
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