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Puede que no estemos allí para predicar el evangelio, pero nuestras oraciones son capaces de llegar muy lejos. No nos olvdemos de orar cada día por aquellos que aún no conocen a Jesús como salvador.
El libro de Lucas nos dice que Jesús reunió a 70 de Sus discípulos y le dio ellos instrucciones para curar a los enfermos y predicar el evangelio en todas las ciudades que tenían que visitar muy pronto.
Y los resultados fueron ¡asombrosos! "Entonces los setenta regresaron con gozo, diciendo: "Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre". Lucas 10:17.
Me imagino la alegría de estos discípulos experimentaron, ya que se dieron cuenta de las grandes cosas que Dios había hecho a través de ellos. Y yo creo que escuché un eco de aquella misma alegría cuando dos hombres jóvenes regresaron a casa con buenas noticias sobre lo que Dios había hecho a través de ellos n su amado país Guatemala.
"Dios os trata como a hijos; porque¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?" Romanos 12:7
El amor de Dios se compara con el amor que tiene un padre hacia su hijo. Es por eso, que a veces, Dios tiene que enseñarnos, a fin de perfeccionar nuestro carácter y llegar a ser más perfectos en él.
Cierto es, que al igual que un padre, Dios primeramente nos da la oportunidad de cambiar y de hacer las cosas bien sin tener que llegar a la disciplina. Pero a veces, el ser humano es tan testarudo, que a Dios no le queda más remedio que usar otras formas de enseñarnos algunas lecciones.
“El Espíritu empujó a Jesús al desierto. Y allí estaba esperándolo el diablo para tentarle." (Lucas 4:1). El desierto es un lugar desnudo, árido, sin caminos, sin esquemas prefijados. Sólo invita al peregrino a atravesarlo, dejándose invadir por ese horizonte que siempre está delante. Penetrar en él es desprenderse de un mundo prefabricado, para aventurarse por lo inseguro, incluso lo peligroso.
Entrar, pues, al desierto, empujados por el Espíritu, es penetrar en un tiempo de búsqueda interior, sincera y valiente, de nuestro propio camino humano de creyentes. Es inútil pretender el camino o la respuesta ya elaborados, o las normas que nos digan qué tenemos que hacer y cómo decidir.
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